Sacada en tres partes
Una historia necesita alguien, un sitio y algo que sale mal. El sorteo coge primero un personaje, luego sitios y objetos, y al final un desenlace: por eso se lee como una secuencia y no como un puñado de dibujos.
Seis es más o menos el límite. Por encima, el público deja de reconstruir y empieza a adivinar, y el juego es la reconstrucción.